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La propia experiencia es el mejor aprendizaje.

Manualidades, cocina, teatro, jardinería... podemos elegir entre una multitud de actividades que constituyen la "excusa" o la base en la que practicar, aprender y mejorar el idioma.  

La efectividad de los talleres se basa en que el participante interactúa, participa de forma acitva, crea, utiliza las manos y presta atención. Las estadísticas lo demuestran: un niño o una niña retiene alrededor de un 30% de lo que ve y oye. Sin embargo, absorbe el 90% si interactúa. Es decir, con una actitud pasiva el proceso es mucho más lento mientras que las actividades prácticas permiten un aprendizaje más efectivo y natural.
                                  Al desarrollar la creatividad del alumn@ y captar su atención, conseguimos estimular y motivar. El participante se siente animado, por lo que el taller proporciona grandes beneficios emocionales. Entonces es cuando el idioma se vuelve sinónimo de entretenimiento y diversión. 
Al realizar sus propias creaciones también conseguimos que los niñ@s se sientan orgullos@s y se lleven lo fabricado a casa, lo regalen a sus familiares o lo vean expuesto a la vista de todos en la Academia.
Finalmente, otra ventaja del taller es que los alumn@s vean la Academia y a los docentes con otros ojos porque acuden a su clase habitual pero ese día todo es distinto, hasta el aula tiene otra distribución, los profesores llevan delantales y no hay libros en las mesas. Esta puesta en escena y esta experiencia nos ayudan a difundir la idea que el idioma no sólo consiste en estudiar, hacer ejercicios y exámenes, sino que también abre puertas hacia otros mundos y puede ser muy divertido.